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El corazón del asunto

El corazón del asunto

Artículos de interés 16 Oct 2011

Isabel Aschauer López nos cuenta su experiencia en el Congreso de Análisis Transaccional (A.T.) en Bilbao

Por Marian Ponte

El corazón del asunto, de Claude Steiner. Prólogo de Terry Berne

…asistí en julio al último Congreso de Análisis Transaccional (A.T.) en Bilbao. Y allí aprendí muchas cosas interesantes. Y conocí a gente estupenda. Entre ellos a un pionero del A.T., como fue y sigue siendo Claude Steiner. Uno de sus últimos libros se llama: «El corazón del asunto». Con prólogo del hijo de Eric Berne, Terry Berne, que vive en España, si no me equivoco. He transcripto unos párrafos del segundo capítulo: es apasionante. ¡Y prácticamente todo el libro es así!. Él se autodenomina «guerrero del amor», y da buenas razones para hacer del amor la bandera del cambio.

Capítulo 2: La invención del corazón humano

Este capítulo es una versión editada de «La creación del concepto Amor; la invención del corazón humano», conferencia central en el tercer congreso de salud en la adolescencia, en el Royal College of Physicians de Londres en octubre de 2000. El texto completo está disponible en www.claudesteiner.com/meming.htm

Hemos llegado a un momento de nuestra evolución como  seres humanos en el que experimentamos un cambio que afecta a toda la población mundial. Estamos experimentando un cambio que parte de nuestra identidad como una especie jerárquica, territorial, intrínsecamente violenta y competitiva, a nuestra emergente identidad como una especie de otro tipo, una especie guiada por nuevos (o evolutivamente nuevos) motivos. Estos nuevos motivos son la protección, no del territorio, sino de nuestra descendencia e incluso de aquellos con quienes no estamos relacionados, y la supervivencia, no por medio de la eliminación de nuestros competidores, sino por la cooperación con ellos.

Este cambio evolutivo no es genético, aunque puede tener efectos genéticos sutiles, que se discutirán más adelante en este capítulo. Por ahora baste decir que este cambio es una evolución “memética” (o mnemética), una evolución del contenido de nuestras mentes, pasadas de generación en generación seguramente de modo parecido a como lo hacen los rasgos genéticos. Los memes, como los genes, transportan información, pero a diferencia de los genes, que están en la estructura de cada célula de nuestro cuerpo, los memes son ideas en nuestras mentes: conceptos, a veces eternos, tales como Amor, Guerra, Matrimonio, Dios, Ciencia, Raza, Arte y tantos otros.

Los genes se propagan a sí mismos por el acervo genético saltando de cuerpo a cuerpo, a través de generaciones, mediante el esperma los óvulos. Los memes se propagan a sí mismos en lo que podríamos llamar el “acervo memético” saltando de cerebro a cerebro, horizontalmente en una generación y verticalmente de generación en generación. Lo hacen en forma de discurso oral y escrito (Dawkins, 1998) Hay millones de ideas persistentes que se han transmitido de generación en generación y que afectan profundamente nuestras vidas.

Algunas son tremendamente persistentes, como Dios, Guerra, o Mal, y nos han estado afectando durante milenios.

Otras son de corta duración pero muy poderosas, ya que dejan su rastro en la mentalidad colectiva antes de decaer. Algunos ejemplos de ello son Juana de Arco, The Beatles, las películas mudas, la depresión de los años treinta, y G.W.Bush.

Otros memes no son muy persistentes ni muy potentes, como Mónica Lewinsky, el Macarena de Los del Río, la dieta del Dr. Atkins o los restaurantes vegetarianos.

La información genética se transmite y evoluciona de un modo inexorable. Para detener una parte específica de la información genética y evitar que siga adelante, sería necesario matar o esterilizar a todos los miembros de la especie. La información memética es más frágil. Podría decirse que puede ser interrumpida cuando una cultura es borrada, o por un control del pensamiento tiránico. Por ejemplo, durante la época soviética, el Kremlin intentó erradicar la idea de Dios, en consecuencia ahora en Rusia muchos son ateos. Sin embargo, muchos en la Rusia de hoy son fervientemente religiosos, a pesar de los esfuerzos soviéticos. Parece que los memes poderosos –como Dios, Libertad, Democracia, Igualdad- persisten y regresan sin importar cuán intenso haya sido el esfuerzo por erradicarlos.

El Amor es uno de esos memes persistente; antiguo y potente. Pero probablemente sea cierto que, en la historia de la evolución humana, el meme (o el concepto) Amor es de reciente aparición. Seguramente, mucho antes de que la gente hablara sobre el amor, ya estaban hablando sobreComida, Refugio, Mío vs. Tuyo, Sol, Luna, Frío, Calor: todos ellos memes. ¿Cuándo se vuelve consciente la gente de que sentimos y estamos motivados por el amor? ¿Cómo se origina el amor como un concepto conscientemente tratado y por qué es tan persistente?

Voy a argumentar que el Amor, basado en el instinto afiliativo, tiene un sustento genético en la anatomía de los seres humanos –en sus cerebros, probablemente- y cómo el amor se convertido en un concepto, del cual se habla, y escribe y canta. En otras palabras, el amor, como meme, se estableció a raíz de una realidad en el acervo genético. A la misma vez es probable que por su parte el meme “amor” haya causado cambios genéticos, cambios que se están haciendo evidentes ahora, como veremos.

Los memes y el cerebro

Es probable que, como he dicho, la persistente evolución memética de la cultura, el idioma, las ideas y las aspiraciones produzcan cambios biológicos en paralelo. Es decir, a través de generaciones, el cambio memético fomenta el cambio genético, a través del mecanismo de selección de la “supervivencia del más apto” que afecta a toda forma de vida. En relación con el amor, las personas con una tendencia genética al comportamiento afectivo tendrán más probabilidades de sobrevivir y procrear en una sociedad afectiva  cooperativa. Así la evolución de memes como Democracia, Paz, Cooperación y Amor producirá cambios generacionales con sus correspondientes correlaciones anatómicas. Estos avances genéticos anatómicos otorgarán a aquéllos con mayor capacidad de amor y afiliación, una mayor capacidad adaptativa de supervivencia.

Como ejemplo, considera la continua evolución del concepto –meme- de los derechos civiles y el firme progreso social de dichos derechos.

Esta evolución podría ser el resultado de patrones culturales minuciosamente aprendidos por cada persona de esa cultura y transmitido de generación en generación. Pero también podría ser el resultado de unos cambios anatómicos evolutivos, pasando el control de la conducta de un aparte del cerebro (responsable de la dominación) a otra (responsable de la afiliación). Lo más probable es que ambos procesos estén en funcionamiento. Es posible que estemos desarrollando una propensión cada vez mayor a la igualdad de derechos. El arco de la historia parece indicar que se está produciendo  ese cambio desde la dominación a la afiliación, lenta pero ciertamente.

El amor o el cariño es otro ejemplo de este tipo de cambios potencialmente paralelos, meméticos y genéticos. Describiré a continuación la hipótesis de que existe una parte del cerebro propensa a la dominación y a la violencia, jerárquica y territorial, la porción territorial del cerebro, así como una distinta, una parte propensa a la afiliación, la protección y la cooperación. Mi hipótesis es que, mundialmente, la propensión dominante está cambiando hacia la parte afiliativa del cerebro.

La anatomía del amor: el cerebro triuno

En 1973 Paul MacLean, investigador científico en el National Institute of Mental Health, propuso que el cerebro está compuesto de tres subdivisiones que corresponden a tres épocas de evolución consecutivas: el reptiliano, el límbico y el neocortex.

A estas tres partes del cerebro las llamó cerebro “triuno”. Señaló que en los seres humanos, el neocortex  y el cerebro reptiliano están separados por una estructura de naturaleza diferente  de esas dos. Esta zona del cerebro demarcada claramente fue denominada  cerebro límbico (del latín limbus o frontera) por Paul Brocca, que la descubrió en 1879.

Estas conclusiones, muy en boga desde hace algunos años, recientemente han sido cuestionadas por ciertos neurocientíficos quienes señalan que el cerebro no funciona como un conjunto de unidades funcionales independientes, sino como un conjunto de redes entrelazadas que evolucionan en estrecha relación las unas con las otras.

A pesar de estas objeciones, se puede decir, sin violar ningún dato neuro-anatómico, que las dos etapas evolutivas  -reptiliana y límbica- son anatómicamente distinguibles, la una de la otra en el cerebro humano. El cerebro reptiliano y límbico son asimismo distinguibles del neocortex, que se desarrolló en las últimas etapas de la evolución humana. Por ahora no está totalmente claro cómo interactúan exactamente, a pesar de la gran cantidad de investigación que sobre esta cuestión ha sido posible gracias a la reciente tecnología MRI (Magnetic Resonance Imaging)

El cerebro reptiliano

El cerebro reptiliano, el primer conjunto neuronal altamente complejo que aparece en la historia evolutiva, soporta las funciones fisiológicas básicas: circulación, respiración, digestión, eliminación, apareamiento. También participa en la defensa, la agresión, y las emociones de ira y miedo. En el ser humano se encuentra sobre la médula espinal y se asemeja a la cabeza de un palo de golf, siendo la columna vertebral el mango. Si bien ha evolucionado desde su forma original en lagartos y serpientes, realiza funciones similares y al mismo tiempo se comunica con los dos cerebros  que se desarrollaron posteriormente, el límbico y el neocórtex (Lewis et al. 2000).

El cerebro límbico

Los reptiles aparentemente  no se preocupan por sus crías  no tienen un repertorio de comportamientos de protección, por lo que las abandonan o incluso se comen sus propios huevos en el momento que salen de la hembra. Una excepción son algunas especies de cocodrilo que protegen a sus crías hasta por dos años tras el nacimiento. También resulta que los cocodrilos son ejemplos avanzados de reptiles más parecidos a pájaros de sangre caliente que a otros reptiles. A medida que la evolución avanzaba y la protección de la descendencia se convertía en una estrategia  efectiva de supervivencia, el cerebro límbico se desarrolló para cumplir esa función. La protección de los jóvenes  -normalmente por medio de un territorio asegurado por un macho poderoso-  es el propósito del cerebro límbico (Lewis et al. 2000). Esa protección requiere un vínculo afectivo (amor para abreviar), basado en un hambre de contacto y reconocimiento mutuo. Esta hambre de contacto (“Caricias”, en terminología del Análisis Transaccional)  mantuvo el vínculo entre parejas, entre madre e hijos y en menor medida, entre el padre y los hijos. Esto generó agrupaciones sociales estrechamente unidas, todo lo cual maximizaba la supervivencia de los jóvenes. Las emociones de amor, tristeza, celos y esperanza tienen su origen en el cerebro límbico y pueden ser claramente observadas en las llamadas especies “superiores” tales como gatos, perros, caballos, simios y otros mamíferos, animales de sangre caliente.

El neocórtex

Anatómicamente, el cerebro límbico envuelve al cerebro reptiliano, y éste a su vez está envuelto por la corteza cerebral y el neocortex.

La corteza cerebral y el neocortex son la parte ondulada del cerebro normalmente asociada a la imagen del cerebro. El neocórtex se ocupa de las funciones superiores de imitación: hablar, escribir, planificar, razonamiento simbólico y conceptualización. La evolución de un cada vez mayor neocórtex y por lo tanto un cerebro más grande excedió el tamaño del canal de parto de la madre  y requirió que el humano naciera antes de alcanzar el pleno desarrollo del sistema nervioso. Esto a su vez exigió que se protegiera al recién nacido mientras el cerebro y sus funciones se desarrollaban a su mayor tamaño. La protección del entorno social generado por el cerebro límbico hizo esto posible.

Una vez que se establecieron las redes sociales necesarias para proteger el desarrollo de la corteza cerebral para que el cerebro evolucionara  a su tamaño actual, la evolución  memética fue posible. Esta evolución tomó la forma del desarrollo de ideas y del lenguaje, específicamente en relación con el amor materno, el amor entre el padre y la madre y entre los miembros del grupo social. En A natural history of love, Diane Ackerman (1994) hace una crónica de la evolución  -desde los orígenes de Egipto hasta Romeo  Julieta-  de las diferentes maneras  en que los seres humanos han expresado la emoción del amor.

Por otra parte, paralela a la elaboración de la idea de afectividad, fue la elaboración de ideas y lenguaje de signo contrario, relativos a las emociones territoriales, jerárquicas, ofensivas y defensivas. El lenguaje, la poesía y la música sobre el miedo, los celos, la ira, la agresión y la guerra han tenido sus propios y fervientes partidarios. La idea de afectividad dio lugar a una miríada de expresiones: aventuras apasionadas, sagas familiares, novelas y canciones de amor, películas y obras de teatro románticas, manuales de cómo hacer el amor y cómo cuidar a los hijos. Ideas contrarias desarrollaron igualmente elaborados métodos de ataque y defensa territorial, así como las estrategias militares y armas, textos, academias militares y conceptos (patriotismo, nacionalismo) que acompañan el comportamiento contrario a la afectividad. Si uno compara las elaboraciones del filiativo meme amor con la elaboración opuesta, el meme odio, es difícil creer que el amor tenga algún tipo de oportunidad. Sin embargo, a pesar de los graves y constantes retrocesos, el amor parece mantenerse impertérrito, probablemente porque el cerebro límbico y la corteza cerebral son capaces de dominar sobre  las actividades del cerebro reptiliano, como afirma Leonard Cohen, a lo largo de la historia, el amor es el único motor de supervivencia.

Las funciones del neocórtex se aplican también a la modulación, e incluso modificación de las funciones límbica y reptiliana. El control racional de los impulsos de procreación, agresividad, protección y de vínculo afectivo, es una de las consecuencias de la evolución del neocórtex en los humanos. Sin embargo, como Joseph LeDoux señaló en The emotional Brain, (1996) existe una clara asimetría en la forma en que estas dos partes del cerebro se afectan entre sí en el ser humano no instruido. Particularmente, los cerebros reptiliano y límbico tienen una gran influencia en el neocórtex haciendo posible que la excitación emocional domine y controle el pensamiento, Aunque los pensamientos pueden fácilmente disparar las emociones, no somos muy eficaces desconectándonos de las emociones. La modulación de las emociones es la tarea más difícil del neocórtex, un objetivo primordial de la educación emocional, lo que Berne llamó el control a través del Adulto.