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Hijos adultos de padres alcohólicos: el impacto en la familia

Artículos de interés, Blog 25 Jun 2015

El alcoholismo es uno de los mayores destructores del amor, convivencia y buenas relaciones familiares. Las malas consecuencias y secuelas que acarrea son de diferente naturaleza:

Físicas: enfermedades como cirrosis hepática, problemas sexuales, hipertensión, trastornos cardíacos…

Emocionales: aislamiento emocional, impulsividad, sentido de culpa…

Sociales: porque afecta a las relaciones con los demás, amistades y familiares, como profesionales, y a la relación general con el entorno. (…)

La quiebra de los vínculos afectivos con su familia provoca, en la misma familia, mayor malestar, dolor e ira. El alcoholismo deja de ser un modelo para los hijos, y se difuminan y pierden límites sanos, que son el fundamento y respeto de las relaciones entre personas. (…)

Bastantes hijos que crecen en una familia hay un alcohólico, dejan de pensar en sí mismos y se responsabilizan de funciones, o asumen roles que no les pertenecen a ellos, sino a sus padres.

Según el Informe Mundial de Situación sobre Alcohol y Salud, de 2014 (OMS), en el mundo mueres al año 3,3 millones de personas por consumo nocivo de alcohol, lo que representa el 5,9% del total anual de fallecimientos. En el grupo de edad de los 20 a los 29 años, el porcentaje sube al 25%. Este mal consumo de alcohol provoca trastornos mentales y de comportamiento; accidentes de género diverso, graves daños sociales y pérdidas económicas importantes, tanto a las personas, como a la sociedad en conjunto.

En España se beben 12 litros por persona al año, cantidad superior a la media Europea que es de 10,9 litros por persona al año. (…)

Los hijos de padres alcohólicos sueles tener una autoestima muy baja, unos límites en las relaciones con los demás mal definidos, faltas de seguridad en sí mismo y de respeto por los demás. Se genera un ambiente de negación, aislamiento, exceso de responsabilidad, ansiedad, dolor, sentimiento de culpa, humillación, pérdida de la infancia y, cuando crecen, conciencia de haberla perdido, vergüenza, enojo, problemas psicosomáticos, agresividad, impulsividad y dificultades para desarrollarse emocional y socialmente, enfermedades como neurosis y depresión. Se vuelven desconfiados de sí mismos y de los demás, con los que aprenden a no contar; tienden a no expresar lo que piensan o alenten y a ser complacientes en exceso con los otros y desconectar de si mismos. Suelen escoger mal en sus relaciones personales. En algunos casos, se aíslan, no saben establecer relaciones de intimidad, temen ser heridos, se sienten altamente vulnerables y adoptan posturas defensivas o desafiantes, y manipuladoras. Todo esto desestabiliza su estado de ánimo.

Ordinariamente, la familia hace todo lo posible con negar en su seno el problema de alcoholismo, pues a ojos de la sociedad es vergonzante. Esta negación y disimulo de algo patente obliga a la familia a organizar su vida alrededor del alcoholismo. Así, el alcoholismo que niegan, les rige absolutamente.

La percepción de la realidad que tienen los hijos, queda afectada y supeditada a la de los padres. Muchos de los sentimientos y necesidades de los hijos pasan a segundo lugar. Bastantes hijos que crecen en una familia en hay un alcohólico, dejan de pensar en sí mismo y se responsabilizan de funciones, o asumen roles que no les pertenecen a ellos, sino a sus padres. (…) Las dos palabras que definen su situación son miedo e inestabilidad. (…)

Situaciones cotidianas y comunes, que no presentan obstáculo especial para el adulto que haya crecido en una familia con desarrollo sano, desequilibran a quien proviene de una familia desestructuras y rota por el alcohol. Padecen una tendencia mayor a ciertos problemas como algunos miedos:

 

  • El miedo a cualquier conflicto, lo que puede empujar a una actitud de sumisión.
  • A la crítica, y a la falta de reconocimiento y mérito de sus actos a ojos de los demás.
  • A las personas con autoridad
  • El miedo a sufrir abusos
  • Miedo a la intimidad y a no saber estar solo.

 

Otros problemas son compulsiones, exceso de perfeccionismo, anticipación de supuestos problemas, con el desasosiego gratuito consiguiente descuido de sí mismo y preocupación por los demás, propensión al aislamiento, tendencia a establecer relaciones conflictivas, y a la desconexión emocional. (…)

La relación entre los miembros de una familia en que hay un alcohólico, se fundamenta en la codependencia. El alcohólico depende del alcohol y del familiar codependiente que los cuida y se hace responsable de él. La persona codependiente se aísla y se vuelve adicta, por así decir, a los problemas que el alcohólico provoca. La relación se basa en la negación, la obsesión, la compulsión y la pérdida de control sobre sus vidas y circunstancias. La persona codependiente se foja la ilusión de tener controlada una situación que es verdaderamente ingobernable.

Precisamente por esto son tan importantes la prevención y el tratamiento, no sólo del alcohólico, sino de su familia cercana.

A la vez, las personas codependientes, sufren una mezcla de sentimientos y actitudes contradictorios hacia el alcohólico. Lo juzgan con dureza, en vez de considerarlo un enfermo, a la vez procuran sobreprotegerlo.

Siente culpa por la situación del alcohólico, y a la vez resentimiento, rabia y vergüenza hacia él, creen que el alcohólico no quiere cambiar, que no considera las circunstancias de quien tiene alrededor, lo que hace vivir a los codependientes vivir en una frustración y desgaste emocional constantes.

Ante la confusión y caos familiar que siembra el alcoholismo, los miembros de la familia adoptan roles o papeles inconscientemente, para sobrellevar situación tan difícil, y sobrevivir mal que bien a ella. Estos roles, según Sharon Wegscheider, (Otra Oportunidad, Esperanza y Salud para la Familia Alcohólica), son los siguientes:

 

  • El dependiente químico: El alcohólico o adicto.
  • El codependiente primario: La persona la más cercana al alcohólico, y quien más se responsabiliza de él.
  • El héroe: Hijo que se responsabiliza y toma cargas superiores a las que le corresponden, con la esperanza de que así, la situación mejore.
  • El escapista u oveja negra; Hijo rebelde, de conducta extrema, que niega sus sentimientos y es causa de más problemas.
  • El niño perdido: Se aísla y niega necesitar a los demás.
  • El payaso o mascota: Procura disimular y aliviar la situación mediante el humor constante.

 

Los hijos de un alcohólico tienen muchas más posibilidades de ser alcohólicos, y de escoger una pareja alcohólica o antecedentes familiares de alcoholismo o de dependencia de otras sustancias nocivas. Con lo que reproducirás las relaciones familiares que aprendieron y posteriormente las transmitirán a sus hijos. Precisamente por esto son tan importantes la prevención y el tratamiento, no sólo del alcohólico, sino de su familia cercana. Regularmente, cuando se piensa en el problema del alcoholismo, se repara principalmente en el alcohólico que, como hemos visto, sólo es una parte y de quién lo padece.

La asociación Al-Anon lleva 51 intentado apoyar a quienes sufren esta situación, para enmendarla y mejorarla. En mi práctica clínica muchas personas al reconocer sus dinámicas disfuncionales gracias al grupo deciden hacer terapia individual. En otras ocasiones, los psicólogos combinamos nuestra terapia individual con la grupal facilitando así un trabajo complementario que revierta en la comprensión sobre: que el alcoholismo es una enfermedad y que afecta física y emocionalmente, que les sucede a más personas y ofrece grandes beneficios verse en otros espejos y que hay una esperanza para superar el dolor de nuestras vidas.

 

Boletín anual Al-Anon 2015 – Habla Claro
http://www.al-anonespana.org/info-hablaclaro