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¡No seas perfecta!

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¡No seas perfecta!

Revista Mía 31 Jul 2016

Fuera complejos

¿Y qué pasa si no eres como dictan los cánones?

¿Por qué hemos de ajustarnos siempre a una ‘imagen ideal’?

Sé tú misma. Seas como seas.

Marian Ponte en los medios - por Marta Adana

LLEGAR A TODO…

Vivimos en una sociedad muy exigente. Tenemos que ser profesionales, madres, hijas, compañeras, amigas, amantes… perfectas. Y, por supuesto, tener un cuerpo también perfecto, eternamente joven.  ¿Por qué esta presión sobre la mujer? Sin lugar a dudas, porque vivimos en un mundo lleno de estereotipos y clichés patriarcales, en los que la mujer -aún a estas alturas del siglo XXI- no ha conseguido la plena igualdad en derechos, que sí en deberes, con el hombre.

NECESIDAD DE ACEPTACIÓN

A este entorno social exigente, por si fuera poco se suma la necesidad de aceptación que todo ser humano siente: somos seres sociales; formar parte de un grupo (familiar, profesional, personal…) y ser valorado por él es una de nuestras necesidades más elementales.

FALTA DE AUTOESTIMA

¿Qué ocurre? A veces dicha necesidad nos lleva a infravalorarnos (por ejemplo, si somos criticados por cualquier motivo) y esto, a su vez, a exigirnos más y más a nosotras mismas para estar a la altura de lo que creemos que se nos pide (porque puede ser una mera mala percepción nuestra). Si este celo perfeccionista nos hace sufrir… ¡vienen los problemas! Y aparecen los complejos (muchas veces motivados por compararnos con los demás, sobre los que solemos proyectar todas las cualidades y virtudes que a nosotros creemos que nos faltan).

QUÉ ES UN COMPLEJO

“Se trata de una imagen mental que tiene una carga emocional y nos afecta en cómo pensamos y actuamos, produciéndonos inseguridad y baja autoestima, además de crear mitos y tabúes”, dice la psicóloga y sexóloga Marián Ponte, de Barcelona (marianponte.com).

Un complejo, por otro lado, tiene distintos componentes: “emocionales, cognitivos (lo que pensamos) y procedentes de nuestra biografía personal y social (lo que nos va ocurriendo por el camino). Hay que tener en cuenta que los mandatos sociales y culturales refuerzan nuestras creencias, algo que se añade a la evaluación que hemos recibido respecto de nosotros mismos por parte de nuestros padres en la infancia y adolescencia”, dice. ¿Cómo podemos superarlos? Sigue las claves de la psicóloga.

CÓMO DESEAS SENTIRTE

“Es lo que debemos preguntarnos: ¿cómo queremos estar? cómo podemos relacionarnos mejor con lo que tenemos y no idealizarlo o pensar cómo debería ser? También ¿qué cualidades puedo potenciar? Si no somos realistas fomentamos la angustia, el dolor, la baja autoestima… y pueden aparecer la depresión, los problemas de alimentación, etc. Aprendemos a idealizar y a creer que hemos de ser de una manera determinada para obtener aceptación o reconocimiento. Esa manera de mirar la realidad nos esclaviza y no nos permite vivir con flexibilidad y aceptación. Hemos de partir de donde estamos para darnos una vida más acorde, para relacionarnos con salud y disfrutar de la vida”.

OLVIDA CÓMO TE VEN

“No te centres en cómo te perciben los demás, en lo que piensan de ti. Acepta tus pros y contras. Hemos de dejar atrás los mandatos sociales de perfección, tan irreales, que nos dañan. Estamos programados mentalmente de muchas formas. La educación y el entorno marcan parte de nuestras creencias y funcionamientos. La reflexión crítica y constructiva nos ayuda a discernir y escoger de qué manera podemos desarrollar la confianza en nosotros para mejorar nuestra autoestima”.

ASUME EL PASADO

“También tenemos que repasar de dónde procede nuestra falta de aceptación, atendiendo a los modelos familiares, sus patrones y los orígenes de aquellas creencias o emociones que no nos permiten aceptar quiénes somos. En ocasiones nos falta elaborar determinados duelos, asumir etapas previas, cambiar algunos de nuestros hábitos y observar qué se repite en nuestras vidas. Si vemos que nos seguimos atascando, la terapia es una buena herramienta”.

BAJA TU EXIGENCIA

“Hemos de reconocer nuestros límites, buscar metas realistas y comprender que funcionamos mediante ensayo y error. No hay errores, sino aprendizajes. Ante cada situación podemos ver qué podemos mejorar. Es también una manera de aceptar que no somos perfectos y que todos podemos cometer errores. Aprender a no personalizar es un proceso importante. Significa que no estamos cegados por nuestros conflictos, que sabemos separar lo que sucede de nosotros mismos y podemos ofrecer soluciones y obtener aprendizajes vitales”.

 

Céntrate en la solución, no en el problema

“Muchas cosas que nos suceden se atascan porque tenemos juicios al respecto. A veces nos dedicamos a dar vueltas y podemos caer en lo mismo. Si actuamos de la misma forma, las cosas no cambian. Lo que sí ayuda es actuar de forma diferente o bien tomar una resolución en lugar de ‘rumiar’ una y otra vez el problema (por ejemplo, si no aceptas tu cuerpo y te ves regordeta de nada sirve machacarte por ello. En lugar de eso, come mejor, camina, haz deporte, etc. Y sé perseverante. Si transitamos una y otra vez por los mismos caminos reforzamos esos funcionamientos, y lo que interesa es crear nuevas rutas cerebrales. Si no, terminamos siendo adictos a nuestras emociones, neuroquímica y maneras de pensar”.