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Se acabó

Se acabó

Revista Mía 27 Nov 2011

Cuando una relación termina, nos quedamos, como mínimo, noqueados. Pero el ‘adiós’ es tan natural como el ‘hola’. Aquí tienes cómo vivir las fases del proceso de forma consciente y enriquecedora. Tu nueva vida te espera.

Marian Ponte en los medios - por Carmen Sabalete

Se acabó (claves para superar una ruptura).

La hemos vivido todas (aunque en el momento álgido creamos que sólo nos pasa a nosotras).

Y todas, con más o menos acierto, la hemos superado. Hacerlo de forma que nos reporte beneficios y enriquezca supone todo un proceso que solemos saltarnos (¿a quién no le dan ganas de pasar página rápido?).

Pero hemos de ‘echar el freno’. Ir poco a poco para asumir lo vivido y potenciar que la misma ruptura nos saque lo mejor que tenemos como personas. El proceso puede dividirse en tres etapas que, aunque sucesivas, a veces se solapan y no están exentas de retrocesos.

“La clave estriba en permitirse sentir las propias emociones y sentimientos. Darse tiempo, expresar el dolor, no acumularlo, y sacar conclusiones racionales (que nos valgan a nosotras) para no repetir los posibles traspiés cometidos”, explica la psicóloga y sexóloga Marián Ponte, una de las tres expertas a las que hemos consultado.

Se trata de adaptarse, de ser flexibles con nosotras mismas, de darnos la oportunidad que merecemos de vivir mejor, más plenamente. Nuestras expertas nos ayudan a hacerlo. Toma nota porque todo está en tus manos.

Primera Fase: ‘tsunami’

Una gran ola de emociones enfrentadas, de sentimientos contradictorios, se nos viene encima.

¿Qué podemos hacer para no naufragar, para llegar a buen puerto? Antes de nada, mirarla de frente y no perder la calma. Aunque no lo creamos, contamos con todo un arsenal para ‘surfearla’.

Tomar la mejor decisión

Tanto si nos dejan como si somos nosotras quienes rompemos hemos de enfrentarnos a la decisión de cómo vivir el proceso.

Algo que, en la gran mayoría de los casos, siempre se suele pasar por alto. Si nos han dejado, “el enfado, la rabia, la incomprensión y la ansiedad son normales. Suelen ser un reflejo del dolor interno y a veces un modo de mostrar el enfado con nosotras por no haber sido quienes rompiésemos”, explica la psicóloga y sexóloga Carmen Raya (psiconatural.es). Lo interesante es aprovechar para ver qué nos ha reportado esa relación, qué nos ha sumado como personas.

“Hay que tener cuidado con creer que no ha valido de nada la experiencia porque nuestra pareja ha decidido que necesita otras cosas en su vida”, apunta. Seguro que lo vivido juntos nos ha aportado algo positivo para nosotras mismas, para ensanchar nuestros horizontes, y lo mismo puede hacer la separación.

¿Una estrategia?

“Elabora una lista con las cosas nuevas que quieres hacer” y comienza por las más asequibles. Pero ¿y si somos nosotras quienes han roto? “Aun así no es un plato de buen gusto y hemos de estar preparadas para enfrentarnos a sentimientos de duda, ‘vuelta atrás’, miedos, culpabilidad, tristeza”, cuenta Raya. Debemos revisar por qué necesitábamos romper y afianzar la validez de nuestra postura.

Todos cambiamos, y según lo hacemos, necesitamos cosas diferentes. Si nuestra relación no madura con nosotros y no nos las ofrece, buscar otro rumbo.

Stop a la marea de las opiniones ajenas

A veces nos puede el ‘morbo’ de comentarlo con unos y otros (si lo han visto con alguien, lo que fue capaz de decirte…). Pero hay que cortar con esto porque sólo nos perjudica y “hace que sea más difícil elaborar el proceso del adiós, el duelo, que es necesario para adaptarnos a los cambios que conlleva la pérdida”, explica Raya. Se trata de un juego peligroso, que no sólo puede hacerte más daño sino anclarte durante un tiempo excesivo en esta primera fase y no permitirte progresar.

Y agrega: “Con un simple ‘te lo agradezco pero prefiero no volver sobre el tema’ o ‘necesito mi tiempo y tomar mis decisiones aunque me equivoque’ (hemos de aprender de nuestros errores; no hay otra forma)’ es suficiente”. Ensáyalo, escúchate diciéndolo y te será más fácil ponerlo en práctica.

¿Necesitas llorar? Llora

¿A quién no le han dicho en estas circunstancias ‘no llores’, ‘no te muestres débil’, ‘no le des ese gusto’? Como gran parte de las opiniones son sólo eso, opiniones, y nada tienen que ver, en realidad, con la superación del proceso. Porque, para ello, lo primero que hemos de hacer es reconocer cómo nos sentimos y tener el valor de mostrárnoslo a nosotros mismos, de no dejar eso de lado (así, lo único que conseguiremos será sumar estratos de insatisfacción y rencor en nuestro interior).

Te sientes mal, pero ese es el primer paso para sentirte bien; y asumirlo, el segundo. “Si necesitas llorar, ¡hazlo! Reprimir emociones nunca es bueno y al final salen por cualquier otro lado y de otra forma seguramente peor”, dice la experta.

¿Temor a la soledad y a la tristeza?

No lo tengas. Es todo un freno. No querer estar solos ni pasarlo mal puede anquilosarnos en una situación que no nos beneficia.
En este proceso, debemos tener momentos buenos y menos buenos, y esa es la única forma de avanzar en la vida y como personas.

Las cinco cosas que nunca debes hacer si…
… Has dejado
  • Seguir quedando como amigos, como si nunca hubieseis sido pareja. Ralentiza el proceso.
  • Volver por chantaje emocional. “En ese momento nos perdemos el respeto. El otro es libre y responsable de hacer con su vida lo que crea conveniente”, dice Raya.
  • Admitir sus regalos. No puedes evitar que te los envíe, pero sí rechazarlos para no generar equívocos.
  • Romper poco a poco y seguir manteniendo relaciones sexuales esporádicas, ¿a qué estamos jugando?
  • Dejar la puerta abierta. Crear falsas expectativas. La otra parte necesita elaborar su adiós; respétalo.
… Te han dejado
  • Suplicar que siga contigo y volverte camaleónica para adaptarnos a él y no perderlo.
  • Llamar y enviar menssajes todo el rato. Revisa tu autoestima y llena tu vida con cosas que te enriquezcan.
  • Preguntar a sus allegados por tu ‘ex’. Contarles detalles de vuestra relación y ruptura. Vigilar qué hace, dónde va (cuidado con usar las redes sociales para ello…).
  • Ir de víctima desvalida. No lo eres. No responsabilices al otro de cómo te sientes (no te vuelvas adicta a él).
    montarle escenas o amenazarle con cuestiones tan graves como autoagredirte (pide ayuda a un psicólogo).

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