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Sexualidad en la vejez

Es importante resaltar que la sexualidad existe desde que las personas nacemos hasta que morimos

Muchas personas ni se plantean la legitimidad de mantener una vida sexual satisfactoria en la vejez, con pleno derecho a obtener intercambio y placer sexual. La sociedad, así como otros profesionales de la salud, no hablan ni atienden a esta área.

En muchas ocasiones, no se hacen preguntas abiertas ni se manifiesta una necesidad por mera vergüenza, o por miedo. Toda actividad sexual, así como su práctica, dependen de factores como el estado físico de las personas, los fármacos que tomen, las vivencias y experiencias, los mensajes sexuales recibidos, las características psicológicas de uno mismo y de la pareja (si es que la hay), el momento actual que atraviesan las personas (cambios físicos, muertes de personas cercanas, enfermedades, etcétera) y por último, entre otros, el entorno socio-cultural.

El problema que se nos plantea es que la sociedad transmite la idea de eterna juventud y con ello, la idea de que la sexualidad está solamente ligada a las personas jóvenes y que gozan de mucha salud. En ningún momento se plantea el beneficio psicológico que aporta esta necesidad básica de dar y recibir afecto a través de una relación sexual. Es en este sentido, en consulta nos encontramos que muchas personas de edad madura sienten culpa o manifiestan ideas de “anormalidad” cuando hablan de sus deseos o necesidades sexuales. Las personas mayores se ven obligadas (o presionadas por las creencias sociales) a no pensar en su cuerpo como posible fuente de actividad sexual.

Es cierto que a medida que avanzamos en edad, la actividad sexual decrece; pero ello no debe ser sinónimo de no- actividad. El desconocimiento, la presión, el miedo, la vergüenza, entre otras causas, pueden llevar a estereotipos tan absurdos como el de creer que tener pensamientos o deseos sexuales a cierta edad es cosa “de viejo/a verde”, o una cuestión “inmoral”; sin atender a que es una concepción puramente cultural-social que nada tiene que ver con la/s necesidad/es de las personas. La esperanza de vida ha crecido, y ello podría llevar a no atender a las necesidades de este gran sector de población, los ancianos, arrebatándoles una parte valiosa de su calidad de vida.

Otra idea que no ayuda a facilitar la actividad sexual es la asociación de ésta con el coito. La sexualidad no puede ni debe limitarse a una sola práctica excluyendo otras conductas, juegos, palabras, fantasías, imágenes, actitudes y prácticas.

 

Mitos y falsas creenciasmarian-ponte-sexualidad-vejez

  • No hay sexualidad en la tercera edad
  • El sexo no importa a las personas maduras
  • Están más preocupados por los achaques físicos
  • La sexualidad está asociada exclusivamente a la reproducción
  • Las personas maduras no funcionan sexualmente
  • No tienen deseo
  • Es fácil que sufran un infarto si practican sexo
  • Los varones maduros ya no pueden intentarlo por la falta de erección
  • La sexualidad es sólo el coito
  • El sexo es sólo para gente joven
  • Ser mayor implica dejar de tener relaciones sexuales
  • Sólo tienen interés sexual los viejos/as verdes
  • Sólo es atractivo lo joven y jovial
  • Los mayores no se enamoran
  • Todo lo sexual perjudica a la salud seriamente
  • El sexo no existe en la ancianidad
  • La mujer madura nunca siente nada
  • En los niños y ancianos no hay sexo (tabú)
  • Las personas de la tercera edad, nunca tienen interés por éstos temas

Hay que destacar que ya la O.M.S. (1974) ofreció una definición de salud sexual: “Salud sexual es la integración de los aspectos afectivos, somáticos e intelectuales del ser sexuado, del modo tal que de ella derive el enriquecimiento y el desarrollo de la persona humana, la comunicación y el amor ”

Cabe añadir que se estima que en el año 2010, una quinta parte de la población mundial tendrá más de 60 años. No atender a las creencias erróneas sobre la sexualidad en la vejez nos ayudará a fomentar esta área básica del desarrollo humano.

Cambios Biológicos

El envejecer no implica que muchas personas mayores estén impedidas para la actividad sexual por enfermedades, aunque sí que es verdad que la edad facilita el estar más susceptible a adquirirlas. Si hay buena salud y las condiciones físicas adecuadas, la sexualidad no tiene por qué verse alterada.

Muchas mujeres, tras la menopausia, manifiestan una mayor satisfacción sexual, porque desaparece su miedo al embarazo. La mujer ha de tener en cuenta sus cambios anatómicos y fisiológicos progresivos, y consultar a su ginecóloga/o según las dudas o necesidades individuales. Muchas mujeres requerirán de lubricantes vaginales para que el coito no les resulte doloroso. La capacidad multiorgásmica se mantiene, pero es necesario saber que se presenta más débil y con menos contracciones. La bajada del interés sexual, así como de otros aspectos, están relacionados con la disminución de producción de ciertas hormonas.

Una buena información facilitará una adecuada vivencia de la sexualidad a cada cambio vital.

En el hombre, a partir de los 55 años, va declinando la producción de testosterona. También a partir de los 40 años disminuye la cantidad de esperma, aunque su producción se prolongue hasta los 90 años. Saber cómo se producen los cambios fisiológicos ayudan a disminuir los miedos y las angustias que puedan ir presentándose.

Algunos de los cambios fisiológicos que el varón experimenta en la madurez: necesita mayor tiempo de estimulación para conseguir la erección, siendo además menor la duración de ésta y del orgasmo; se necesita igualmente más tiempo para recuperarse después de una erección; se retrasa la eyaculación y ésta es menos intensa. También aparece un aumento de la incidencia de disfunciones sexuales asociadas con la edad y debidas tanto a causas médicas y psicológicas como a la ingesta de fármacos.

Muchas personas mayores, por no tener dicha información, pueden experimentar un aumento de su ansiedad ante los cambios que se van produciendo. A todo ello hay que añadir factores como:

 

  • La falta de intimidad (muchos están viviendo en residencias, donde además no hay profesionales formados en estos temas)
  • El estereotipo cultural negativo: asociar la sexualidad meramente con la reproducción o fertilidad
  • La presión social o de su entorno
  • La pérdida de la pareja por fallecimiento (al no tener pareja estable, es menor la accesibilidad a mantener relaciones sexuales). Y hay que añadir a todo ello la vivencia de elaboración de dicho duelo
  • Depresión, que, entre otros factores, inducirá a inhibir cualquier expresión sexual en los ancianos.

Cabe destacar la discriminación que podrían padecer aún de forma más marcada los ancianos homosexuales. En estos casos, se añade un rechazo social todavía mucho más acusado, así como la carencia de un soporte jurídico en algunos lugares, y la falta de redes familiares. No hay estudios que traten dicho tema y menos aún se sabe de las mujeres lesbianas.

Para terminar a título de conclusión sería no hacer de la sexualidad un tabú y atender a elegir si uno desea tener en cuenta en su vida su sexualidad como una parte más e importante de sus necesidades.

Bibliografía

  • López Felix & Olazábal Juan C. Sexualidad en la vejez. Ed. Pirámide,1998.
  • Rivière. Vivir la madurez con optimismo. Ed. Círculo de lectores.
  • Rojas Marcos. Aprender a vivir. Fundación la Caixa.
  • Masters WH, Jonson VE. La sexualidad en el adulto. En Masters WH Jonson VE, Kolodny Rc. La sexualidad humana. Tomo II. Barcelona Grijalbo (1988).
  • Serna I. Transformaciones físicas y psíquicas en el anciano. Ed Madrid Jarpyo (1996).